Visto para sentencia el juicio contra un portero acusado de golpear a un joven
Durante dos días –el martes y el miércoles– la Audiencia Provincial de Guadalajara se ha convertido en escenario del juicio que tratará de determinar la autoría de los desgraciados hechos ocurridos en la madrugada del 25 al 26 de enero de 2003 a las puertas del capitalino pub ‘El Siglo’. Allí, un joven de 22 años, J.S., fue golpeado por un vigilante de la noche produciéndole un traumatismo craneoencefálico severo a causa del que estuvo varios días en coma. A pesar de que el tiempo ha pasado, el muchacho continúa padeciendo graves secuelas físicas (parálisis irreversible del lado izquierdo de su cuerpo –motivo que le obliga a ayudarse de una silla de ruedas– pérdida de visión en esa zona…) y psíquicas.
En el banquillo de los acusados se ha sentado Gabriel Sarmiento, de 38 años de edad, para el que la Fiscalía y la acusación particular, ejercida por el letrado Miguel Bernal, piden ocho años de prisión. La defensa del encausado, a cargo de la que se encuentra Jaime Sanz de Bremón, pide la libre absolución de su representado.
Durante las dos sesiones, por la Audiencia de Guadalajara han desfilado cerca de 38 testigos, en su mayoría empleados y amigos de Sarmiento. El acusado, de nacionalidad argentina, se autoinculpó en un primer momento de la agresión, motivo por el que cumplió dos años de cárcel. Sin embargo, semanas después modificó su testimonio y se confesó inocente, negando incluso su presencia en el local de copas en la noche que ocurrieron los hechos. Según declaró, y tal como ha insistido durante la vista oral, si mintió fue para proteger a su hermano Orlando, que también ejercía labores de portero, y por aquella época se encontraba en España en situación irregular.
También han rectificado su testimonio inicial varios testigos que tras los hechos aseguraron que el vigilante que esa noche se encontraba en el pub era Gabriel Sarmiento y no Orlando. Todos ellos son amigos y empleados del acusado, que posee profundos conocimientos de boxeo y se encargaba de ‘suministrar’ porteros a distintos pubs capitalinos.
Entre tantas contradicciones, la defensa intentó utilizar como bazas el supuesto estado en el que se encontraba la víctima y la prueba del polígrafo a la que se sometió el hermano de Gabriel. Sin embargo, el tribunal no aceptó la prueba, ya que el profesional que la realizó rechazó acudir como testigo a pesar de ser llamado por la defensa.
Los que no tuvieron ningún inconveniente en asistir a la vista fueron los médicos y forenses que reconocieron al muchacho agredido en el Hospital de Guadalajara, donde fue trasladado de urgencia en estado muy grave y con un nivel de consciencia mínimo. Durante su declaración, los galenos certificaron la gravedad de las heridas de la víctima y desmontaron la teoría defendida por Sanz de Bremón, que trató de convencer a los presentes que parte de las lesiones del joven se debieron a que tras recibir el puñetazo se golpeó contra el bordillo y el suelo. Los médicos contestaron que es extraño que una persona que está consciente no ponga ninguna resistencia para minimizar el golpe, y añadieron que el puñetazo recibido ‘fue bastante violento’.
En la tarde-noche del miércoles el juicio quedó visto para sentencia, que prevé conocerse en unos diez días.


