Tercer atraco en tres meses en Costa Vella
Por tercera vez en los últimos tres meses, la empresa Mármoles Alende, ubicada en el polígono de Costa Vella, ha sufrido un atraco.
El asalto ocurrió la madrugada del jueves al viernes, en torno a la 1,30 horas. Los cacos reventaron la caja fuerte, hicieron un butrón en una pared, rompieron buena parte de un techo de escayola y arrasaron con todo lo que pudieron: varios cristales, dos puertas, cajones, etcétera. En total, “son más de 30.000 euros sólo en daños materiales”, comenta el dueño de este local, Manuel Alende. Los saqueadores “no se llevaron dinero porque no lo había”, añade el propietario, aunque sí tenían a mano un ordenador portátil, “que llegaron a meter en un maletín”, pero se lo olvidaron.
Todo indica, por otro lado, que los que perpetraron este pillaje fueron los mismos que entraron en este negocio de mármoles las dos ocasiones anteriores. Y es que Manuel Alende explica que “a cada asalto, el daño ha ido a más. La primera vez, localizaron la posición de la caja fuerte y se fueron. La segunda, intentaron acceder a la caja de caudales desde fuera, pero era inviable porque las oficinas están recubiertas por un muro de perpiaño de granito de 20 centímetros de espesor, y no pudieron agujerearlo. En esas dos ocasiones sonó la alarma”, dice Alende. Pero, este jueves, “lo tenían todo estudiado, así que accedieron al interior de la nave, rompieron los sensores y monitores de la alarma y desconectaron el teléfono”.
La central de Alarmas detectó esta “falta de pulsación telefónica”, a la 1,30 horas. “Entonces, me llamaron para decírmelo. Y es que, aunque no saltó la alarma, el corte de la línea es otro medio de seguridad alternativo con el que cuentan”, explica el dueño. Sin embargo, y a pesar de ello, no se avisó a la Policía Nacional hasta las 8.00 horas de la mañana de ayer, ¿por qué?
El artículo 48 del Reglamento de Seguridad Privada (aprobado por el Real Decreto 2364/1994, de 9 de diciembre) dice, en su punto segundo, que “cuando se produzca una alarma, las centrales deberán proceder de inmediato a su verificación con los medios técnicos y humanos de que dispongan”, y comunicar a la Policía sólo las reales.
Este diario se puso ayer en contacto con una empresa especializada en el sector, que explicó que “nuestra obligación es avisar inmediatamente al cliente y verificar que la alarma es auténtica, porque los servicios de la Dirección General de Policía atienden más de 1.400 avisos al día, y cada uno de ellos supone movilizar varias patrullas. En muchos casos, sin embargo, la llamada es falsa porque la alarma salta por un fallo de batería, porque algún usuario la activa sin darse cuenta, etcétera”. Las empresas pueden, incluso, ser multadas si dan un parte falso.
Para Alende, sin embargo, “hay una falta de descoordinación entre la central de alarma y la policía, que debería corregirse para que no se diesen más casos como éste”. Para el dueño afectado tampoco es de recibo “que me llamen de la central de la empresa de seguridad para que yo mismo me acerque a Costa Vella” a fin de verificar el atraco.
La Policía Nacional, sin embargo, puede tener localizado a uno de los ladrones. Y es que “en el segundo atraco que hemos sufrido, apareció la documentación de un hombre, español, que tenía antecedentes penales y no pertenecía a la empresa”, dice Manuel Alende.


