Una de cada tres está interesada en instalar sistemas de seguridad privada
Las tradicionales discusiones en las reuniones de las comunidades de propietarios sobre las molestias de obras, la suciedad en el bloque o la urbanización y el ruido del típico vecino molesto se han ampliado con un punto en el que todos parecen estar de acuerdo, hasta que se toca el bolsillo. Administradores de fincas y empresas de seguridad coinciden en poner de relieve la creciente demanda de sistemas de vigilancia en las zonas comunes. Algunos expertos se atreven a cifrar en un 30% las urbanizaciones de la provincia que ya han solicitado un presupuesto para aumentar las medidas de control.
«En las reuniones de comunidad se acuerda cada vez más pedir presupuestos a empresas de vigilancia sobre agentes nocturnos y cámaras de seguridad». Así lo expone Jesús Luque, presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Málaga. Aunque, a renglón seguido, reconoce que los altos precios de los servicios hacen que en muchas ocasiones la iniciativa se desinfle y quede en meras recomendaciones o, a lo sumo, en la colocación de videoporteros electrónicos.
En cualquier caso, para Luque, estas peticiones a los administradores reflejan que existe una creciente sensación de miedo en los usuarios, especialmente en las urbanizaciones de chalés de la Costa y en menor medida, en la capital, en los conjuntos residenciales con jardines e instalaciones comunitarias (pistas de pádel, piscinas, zonas infantiles de juegos, etc). En el caso de los edificios de viviendas, se opta sobre todo por el refuerzo del control en los accesos y en los aparcamientos, donde hay más posibilidades de robos, pero también por temor a los actos de vandalismo.
El presidente de los administradores rechaza que aspectos tales como la pérdida de intimidad se tengan muy en cuenta a la hora de decidir, y señala, contundente, al factor económico. «Hay una gran demanda de medidas de seguridad en las comunidades y, si no cuajan, es sobre todo por el dinero». Al tratarse de mejoras con una cuantía muy superior a la de las cuotas, en la mayoría de los casos es necesario acometer derramas extraordinarias para su puesta en marcha. Y ahí es donde comienzan los problemas, puesto que los propietarios no están obligados a hacer frente a esta cuota extra si supera la suma de tres meses de cuota ordinaria.
En estos casos, la inversión se reduce a la instalación de videoporteros, para poder ver al que llama. Y se refuerza la labor de concienciación a los vecinos, con carteles de recomendaciones para prevenir sustos durante las vacaciones, y la aprobación de normas para controlar las puertas principales y las de los garajes. «Muchos vecinos optan por instalar alarmas particulares ante la dificultad de poner de acuerdo a los propietarios», agrega Jesús Luque.
Juan José López es el responsable de proyectos de la empresa Fichet en Andalucía. Junto a Juan Manuel Fernández, ingeniero de proyectos en Málaga, son los artífices del plan de videovigilancia en el Centro de la capital.
El control con cámaras se está extendiendo como la espuma entre los conjuntos residenciales privados, para vigilar los recintos comunitarios. «Hay un ‘boom’ impresionante. Se están haciendo muchas instalaciones en urbanizaciones, especialmente en televigilancia para el control de accesos, que une telecomunicaciones y seguridad», afirma este experto. En la provincia, la Costa del Sol, y Marbella en particular, es la zona donde se concentran la mayoría de las nuevas instalaciones. El aparcamiento y los accesos al recinto privado de las urbanizaciones son el primer objetivo, para evitar que entren vehículos no autorizados, y que se produzcan robos o actos de vandalismo.
López considera que las cámaras sirven de apoyo al vigilante y permiten ahorrarse el contrato de un segundo agente. «Acuden a nosotros cuando el problema ha sido mayor, porque se sentían seguros con una instalación precaria. En este sector hay mucho intrusismo y muchas chapuzas», apunta.
«Definitivamente, sí», responde tajante Joan Comellas, responsable de I+D de la empresa Circontrol, cuando se le pregunta por el interés de las urbanizaciones por la seguridad. «El aumento es progresivo conforme va mejorando la tecnología, bajan los precios y son cada vez más conocidos y aceptados», sostiene.
Las que más lo piden son las urbanizaciones residenciales con casas unifamiliares. «Estamos dispuestos a perder un poco de privacidad con tal de ganar en seguridad, en un día normal, una persona puede ser grabada por decenas de cámaras, en el cajero, en cualquier tienda, e incluso en la calle, pero esto no suele preocupar. Si no sucede nada, habitualmente no se miran las grabaciones, e incluso se programa su eliminación automática al cabo de cierto tiempo de estar almacenadas».
En cuanto a las críticas por los altos precios, Comellas discrepa y considera que están bajando, lo que facilita el acceso a equipos de mayores prestaciones.


