El vigilante revela que los actores del calendario erótico se fotografiaron en la clínica ’sin permiso’
Un informe realizado por la empresa que vela por la seguridad de la Policlínica Miramar revela que el calendario erótico elaborado en el interior del centro sanitario se realizó «sin autorización» alguna por parte de la dirección de la instalación. Los entonces máximos responsables, Miquel Dalmau y Cristóbal Pizá, desconocían por completo la elaboración del almanaque que se reproduce y que ha sido editado por la discoteca de Palma que más éxito tiene entre el público homosexual.
Este hecho tuvo lugar además sin el consentimiento previo del actual máximo accionista de la entidad, el hotelero Francisco Miralles, que por aquel entonces acababa de aterrizar en el célebre centro sanitario palmesano.
El guarda jurado de Mevisa que estuvo de guardia el pasado 8 de diciembre dejó por escrito que recibió la llamada del «supervisor de Cardiología» para alertarle de que «se habían hecho fotos» en el citado departamento, perteneciente al Área de Medicina Interna de la instalación. Tras recibir la llamada, el guarda jurado explicó en el parte de incidencias a sus superiores que había dejado pasar a un grupo de personas porque un empleado de la clínica le había dicho textualmente: «Van conmigo, no se preocupe». Dando por bueno este salvoconducto y sin sospechar en ningún momento el motivo de la visita, el vigilante autorizó la entrada.
Acto seguido una de las dependencias de la Policlínica Miramar se transformó en el improvisado escenario de una de las páginas del calendario correspondiente a 2007 de uno de los establecimientos de ocio preferidos por el público homosexual de Palma.
En la imagen tomada en la clínica se escenifica una escena religiosa. Concretamente La Pasión de Cristo. En la misma intervienen cuatro actores, todos ello de sexo masculino. En el centro de la imagen, y sobre una camilla, yace aparentemente inerte el cuerpo de un joven atlético. Tiene los ojos amoratados, la silueta perfectamente musculada y la mirada perdida.
Le sostiene con sus brazos un médico que mira desafiante a la cámara con la tez blanquecina, el contorno de los ojos ennegrecido y los labios pintados del mismo color. A la izquierda del galeno le asiste un enfermero travestido de mujer. A la derecha de la imagen y con el torso desnudo y no menos musculado que el anterior se recorta la silueta de un enfermero que porta en sus manos un electroshock y se dispone a reanimar al enfermo.


